Las víctimas de esta DANA, el vórtice de baja presión, origen de todas las tormentas e inundaciones, buscan agua potable y alimentos, a lo largo de los veinte kilómetros que unen los municipios del sur de Valencia de Paiporta, La Torre, Picana, Cebolleta, Cheste, Torrente.
Estos son los municipios del área metropolitana, a una veintena kilómetros de la capital del Turia, pero a la vista de todos parece Vietnam.
En dirección contraria, brigadas de
jóvenes voluntarios llegan a pie con todo lo que pueden llevar a
hombros hasta las poblaciones afectadas.
Cuarenta y ocho horas después de las torrenciales lluvias
que azotan el sureste de España, la masacre aparece en su
terrible dimensión: el rosario de muertos superó las 158
víctimas y un número aún desconocido de desaparecidos, cuando
comenzaron a llegar los primeros equipos de Protección Civil.
"Están sacando los cadáveres de los coches, de los garages,
de las casas.
Justo al lado, los cadáveres de cuatro vecinos,
una pareja y dos hombres, abrumados en el sótano de la casa",
contó a ANSA Cristina López, de 53 años, que Junto a su marido
Víctor Monleón y su hijo Hugo escaparon de la muerte en
Paiporta, epicentro de la catástrofe".
Algunos equipos de bomberos llegaron esta mañana, pero
durante 48 horas estuvimos solos, sumergidos en un mar de barro.
"El martes por la tarde todo ocurrió en diez minutos. Si
hubieran dado la alarma antes no habría habido tantas muertes.
La gente no tuvo tiempo de salvarse de la ola del río
embravecido que lo cubrió todo", relató.
Las protestas por los retrasos en alertar a la población
ante las autoridades y por la falta de suministro de agua
potable y electricidad son unánimes.
"El agua del arroyo subió a tres metros en pocos minutos.
Solo tuve tiempo de agarrar las llaves de casa, del garage y
salir corriendo cuando ya estaba sumergido hasta el cuello",
recordó Gaetano Marletta, de 52 años, propietario del garage
"Taller Marletta", que como todos los demás comercios de la
localidad, con las contraventanas derribadas por el tsunami de
barro, fue devastado por la riada que arrasó Chiva, Cheste,
Torrente, Catarroja, Picana, desde la cuenca del Poyo hasta
Paiporta, llevándose todo lo que encontraba a su paso.
María Gracia Lourdes, la joven madre de 34 años con el bebé
de 3 meses hallada muerta en su coche, que su marido había
intentado anclar a un poste de señalización para que no fuera
arrastrado por la fuerza de la furiosa torrentada, era de aquí,
de Paiporta.
"Esperamos hasta el final un milagro, pero no lo hubo.
Estamos destrozados", contó entre lágrimas Maribel Gómez, una
vecina.
La alcaldesa, María Isabel Albalat, confirmó que hasta el
momento se recuperaron al menos 45 víctimas en el municipio.
Mientras los vecinos esperan a que las bombas de los bomberos
succionen la marea negra, sin saber cuándo llegarán y si lo
harán.
"Necesitamos agua, comida, medicinas, la ayuda no llega", se
queja Cristel, residente con su familia en Catarroja, convertida
en un mar de lodo y donde es imposible superar la barrera de
coches, piedras y escombros que dejó la ola negra.
En el garage de un edificio de dos plantas de La Torre
recuperaron a los ocho vecinos muertos arrastrados por la riada
del Poyo.
Como la del Magro, el otro torrente transformado por las
lluvias torrenciales en avalancha de lodo, alcanzó el martes por
la noche la furia devastadora de 2.200 metros cúbicos por
segundo.
Y hay al menos medio centenar de cadáveres trasladados a la
morgue central en un aparcamiento habilitado con cámaras
frigoríficas en los sótanos del Palacio de Justicia de Valencia,
al otro lado del antiguo río Turia.
Así lo confirmó Manquique Castelló, responsable de
comunicación de la ciudadela judicial, al explicar que no se
permitió el acceso a los familiares hasta que las víctimas
fueron identificadas, incluso mediante pruebas de ADN, y tras
las autopsias realizadas por un equipo de médicos forenses.
Frente al Palau de la Música i de les Arts, emblema de la
Valencia potable, ahora símbolo de la muerte. Y de la inmensa
tragedia.
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS © Copyright ANSA