El esquí italiano trae una serie de espléndidos regalos bajo el árbol de Navidad y, además, algunas sorpresas, no siempre buenas, tras el primer vistazo de la temporada invernal.
Los regalos sobra decirlo una vez más los dieron las muchachas, con las reiteradas victorias de Sofia Goggia y las conseguidas por Elena Curtoni y Marta Bassino.
Los suyos son regalos pero no sorpresas porque la avalancha rosa ya tiene acostumbrados a los italianos a esas grandes actuaciones, decididamente más que los logros del fútbol o de los compañeros masculinos.
Goggia, la reina de la alta velocidad, asombró al mundo del esquí compitiendo y ganando en St. Moritz con una mano operada apenas unas horas antes.
El suyo fue un regalo maravilloso, no solo para Italia, sino para todo el mundo del esquí dado el carácter extraordinario de la empresa que consagró a un gran atleta que ahora es amado más allá de todas las fronteras.
Pero la suya no es una verdadera sorpresa, dada la prodigiosa recuperación que tuvo la temporada pasada para poder participar en los Juegos Olímpicos de Pekín, donde ganó una asombrosa plata: Goggia ya ha acostumbrado a todos a sus excepcionales proezas.
Hablando de sorpresas, sin embargo, hay que decir que, más allá del tercer puesto y primer podio de Mattia Casse en Val Gardena, que probablemente tampoco se esperaba, hay uno realmente malo. Es la crisis de Dominik Paris, el velocista "azzurro" más laureado de la historia, que sin embargo a principio de temporada parecía una sombra de sí mismo, casi perdido en la pista, obteniendo posiciones de clasificación indignas de su gran palmarés.
Dominik se ha encerrado en sí mismo, como un montañista taciturno y veraz que prefiere encontrar nuevas energías dentro de sí mismo antes que abordar el tema a través de entrevistas y por lo tanto, básicamente, de charlas. Por lo tanto, es de esperar que este sea exactamente el caso y que Dominik sea capaz de encontrar rápidamente la clave del problema, técnico y/o motivacional, y pronto regrese con la poderosa confianza de su esquí. Y es de esperar que este breve receso navideño, al calor de su cariño familiar y de su hogar en la montaña, le sea de gran utilidad.
Todo se sabrá muy pronto, ya la próxima semana en Bormio en la penosa pista de Stelvio. Es la pista que a Domme le encanta, en la que logró su primer éxito y en la que ganó siete veces.
El 28 de diciembre será el descenso -cita que prevé para los velocistas azzurri un Boxing Day sobre esquís para la primera de las dos pruebas previstas- y el 29 el Super-G, con París que ya ha obtenido mágicos dobletes en la pasado. Se espera que el clima no juegue malas pasadas y que el Stelvio esté duro y helado, como le gusta al italiano. Solo así esas dos carreras serán una verdadera prueba de su verdadero estado de forma.
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